*
Uno diría:
que sea lo más contingente y específico,
que sea lo más abierto y democrático,
que sea lo más real y práctico,
que sea lo más feminista, posmetafísico y posestructuralista,
que además haya una conciencia de los cuerpos y sus manifestaciones,
que sean visibles y horizontales las relaciones de poder,
que se cuiden los bosques y el agua y los seres vivos que sienten dolor,
que nadie se sienta discriminado ni inútil.
Que no haya rima
-porque la rima es hegemónica-
pero que haya forma.
Que no haya demagogia
-porque la demagogia es sucia-
pero que haya barro.
Que no haya racismo ni eurocentrismo,
ni capitalismo ni Estado ni historia ni sistema
-pero sí trabajo-.
Que no haya sociedad
ni amor romántico
-pero sí encuentros y otredad-.
Que todos y todas y todes y todxs
-también los nadies-
estén ahí para decir.
Que no haya ni alma ni Dios
ni espíritu ni número.
Que seamos y sintamos y vayamos por la calle
-es decir, que ellas vayan por la calle-
sin miedo a que te violen o te roben
o tiren tus cenizas dentro de una bolsa de consorcio
en el basural o campito del barrio.
Que pueda coger sin amar
y, sobre todo, amar sin coger
-pero lento y sin mirar el celular-.
Que nos dejen en paz
-de una vez por todas-
pero que se repartan las riquezas
en todo momento
en todo lugar.
Y uno, simplemente, se limitaría a asentir y decir:
"Sí, es cierto, es difícil."
*Emi
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