Acá publico mis producciones escritas. Las entradas están ordenadas cronológicamente. Bienvenida su curiosidad ❤
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Las cosas se rompen
* Las cosas se rompen, admitámoslo. Cada vez que planeamos algo, una suerte de brisa cósmica conspira en nuestra contra y todo empieza a sal...
lunes, 16 de junio de 2014
En este cuerpo
En este cuerpo
que no es mío pero que no es mío
me desentiendo, entre las alas,
de un murmullo que agobiaba a mi luz.
Ahí está la tristeza
cuando me tocás y me dejás prendido fuego.
Acá, con las alas quemadas,
con esa tristeza
que es mía pero que sí es mía
y con la luz hecha polvo.
(Octubre de 2012)
*Emi-kuld
martes, 10 de junio de 2014
Aviones a chorro
A Pili
Pareciera ser el tiempo una especie de caleidoscopio
unas veces el universo es una clepsidra geométrica y simétrica,
otras veces un bosque de líneas que se cortan,
otras tan solo la oscuridad del que espera,
otras tan solo un inmenso lago donde refugiarse.
Algunas veces el universo nos sorprende con aviones a chorro
-Nadie espera aviones de chorro, solo aparecen-.
Pareciera ser que los amigos nos resucitan, así, terrenalmente,
con sus errores, con sus abrazos,
con sus alfajores sacados de un sombrero de mago,
con la música.
Pareciera ser que lo único que queda es agradecer lo que uno tiene
y esperar:
si hay algo mejor que esto,
ya vendrá.
Mientras tanto derrochar tanto amor como se pueda,
abrazar cuanto se necesite,
comprender lo necesario,
ahogarse de tanta alegría,
y decir, con sentido del humor y un poco de ironía,
lo que es necesario decir.
Es necesario decir cuánto amamos, de qué forma,
si el amor nos pesa, si el amor nos aburre.
Y agradecer lo hecho y lo desecho. Siempre.
*Emi
miércoles, 4 de junio de 2014
1492941
un tibio golpe
un tibio golpe
que desarma
lo inarticulado:
la palabra encogida al máximo:
tu voz que he perdido y nunca recuperado.
tres árboles que dan un tibio golpe a la vida:
caen lentamente pero detienen en sí mismos la alegría
de
tenerte cerca.
un bosque resplandece por los caminos que han tomado sus árboles:
por los caminos que han tomado sus árboles
que respiran cual anciano
que da
un tibio golpe
a la médula
de lo que nunca te animaste a decir.
sos miel de siempre y todos los días son todos los días del mundo.
todos los cielos que se impregnan en la memoria
y la dulzura y los dioses
y aquellas personas que te daban una mano para empujarte y no importaba el desgarro.
¡Ah!
te juro que extraño esos tiempo de tibios golpes.
*Emi
domingo, 18 de mayo de 2014
Morir solo
*
Sube por el aire como escalera de viento
y caen gotas de agua fría por su espalda transpirada:
casi como un amanecer a quien le duele, a quien lo necesita
como un bosque enfermo y quebradizo:
así me encuentro a tus recuerdos de vez en cuando.
Pero sigo caminando porque te quiero,
cuando a la mañana el sol me levanta,
cuando a la noche el café con leche me avisa
que los astros hoy tampoco están de acuerdo:
yo te espero, no tengo drama.
En serio, los pájaros del mar nos despiden
en vuelo arrinconado, sucio de giros y de caídas azules:
un abrazo, un simple gesto de piel,
a veces alcanza para desmantelarme entero:
hoy soy cruce de líneas, un punto certero y distante.
Un punto certero y distante.
Ahí te espero.
*Emi
Sube por el aire como escalera de viento
y caen gotas de agua fría por su espalda transpirada:
casi como un amanecer a quien le duele, a quien lo necesita
como un bosque enfermo y quebradizo:
así me encuentro a tus recuerdos de vez en cuando.
Pero sigo caminando porque te quiero,
cuando a la mañana el sol me levanta,
cuando a la noche el café con leche me avisa
que los astros hoy tampoco están de acuerdo:
yo te espero, no tengo drama.
En serio, los pájaros del mar nos despiden
en vuelo arrinconado, sucio de giros y de caídas azules:
un abrazo, un simple gesto de piel,
a veces alcanza para desmantelarme entero:
hoy soy cruce de líneas, un punto certero y distante.
Un punto certero y distante.
Ahí te espero.
*Emi
jueves, 15 de mayo de 2014
Estar solo
*
a modo de inicio crepuscular
a modo de epopeya marítima
en tus vueltas hacia atrás
en tu mirada de preojo
sube un pensamiento
así de poco
así de nada.
¿Que es amar?
Sube en tu piel la certeza
de que lo indescifrable es
al mismo tiempo lo binario
lo secular
el hambre
y la plata
así de todo
así de fácil.
Amar era ser el mayor desafío
y andar de las manos sin contacto.
Me acuerdo muy poco ya de eso:
lo recuerdo como en un frasco
perdón, a modo de frasco.
Recuerdo mariposas que salen de un piano
y recuerdo haberme olvidado de muchas cosas:
la música
el azúcar
los dioses
y aquel gigantesco árbol de espejos
que andaba en una ciudad que se derrumbaba.
Me siento a unos cuantos pasos arriba.
No se siente mal, vivo bien
sonrío cuatro veces por día
mínimo.
*Emi
a modo de inicio crepuscular
a modo de epopeya marítima
en tus vueltas hacia atrás
en tu mirada de preojo
sube un pensamiento
así de poco
así de nada.
¿Que es amar?
Sube en tu piel la certeza
de que lo indescifrable es
al mismo tiempo lo binario
lo secular
el hambre
y la plata
así de todo
así de fácil.
Amar era ser el mayor desafío
y andar de las manos sin contacto.
Me acuerdo muy poco ya de eso:
lo recuerdo como en un frasco
perdón, a modo de frasco.
Recuerdo mariposas que salen de un piano
y recuerdo haberme olvidado de muchas cosas:
la música
el azúcar
los dioses
y aquel gigantesco árbol de espejos
que andaba en una ciudad que se derrumbaba.
Me siento a unos cuantos pasos arriba.
No se siente mal, vivo bien
sonrío cuatro veces por día
mínimo.
*Emi
martes, 18 de febrero de 2014
little mirror of this time*
(Miles Davis)
What do you know about the wind?
En el cielo
una mariposa
nos detiene en su hálito.
Sobre la
lluvia,
detenida en
el tiempo,
cada mariposa
es un cerrajero
y guardia de
la estela del agua y el cielo.
Un solo
poder nos detiene
-era el amor
el que nos detenía-,
un solo arder
en el viento
donde nadie
sabe lo que busca,
donde cada
palabra es un secreto,
una mariposa
de viento.
Ahí pudiste
sentir los corazones
la sangre
sobre tu cuerpo
cálido hálito
de viento.
Una sola
jugada hubiera bastado
para corromperte
por los siglos
de los
siglos
y abastecerte
en tu canto de lágrima nocturna,
de hierro
herrumbrado, de viento cambiado.
Solo las
lumbres de los que dijeron adiós
pueden hoy
satisfacer tu cuenco de cuentas
-tus
pensamientos forasteros-
y darte la
buena nueva: es el siglo XXI el que nos ata
a ésta mansa
incertidumbre, a ésta incapacidad fatídica y derrumbante.
Fuiste
viento
que arrastró
mariposas al río,
fuiste paz
vacía y libertad soberbia,
fuiste Martín
y pez. Punto y ramas.
Fuiste dos,
tres, cuatro millones de líneas.
Fuiste el
más asombroso y despiadado amor.
Fuiste la
música que te carcomía los sesos, los deseos, las reprobaciones:
fuiste luz y
nada más que luz
en esta
caverna vencida por el paso aletargado del tiempo.
Estuviste en
la ciudad derrumbada
y cuando
solo la piel era testigo de lo que te faltaba
aullaste patéticamente
sobre los campos, sobre las tumbas
sobre los
que un día te quisieron y, lejos de no estar,
solo ocupan
tu memoria
-solo ocupan
tu memoria-.
Fuiste cajas
apiladas
en el rincón
más oscuro del mundo:
allí encontré
una mirada, entre las aberturas de cartón:
eran ratas: eran
inmensas mariposas.
Las
mariposas eran tantas,
hechas de
piano, de corchea, de rutilante desprecio
-lo
descubriste tarde: eran hijas del más profundo e inasible color-.
Las
mariposas eran tantas
que de solo
impregnarlas de pensamiento
te convertías
lentamente en un océano abisal y sideral
lleno de
tetraedros,
de líneas que nos cortan, a vos y a mí;
de miríadas
de circunferencias:
eras un
océano de cielo, un espejo tan grande como el infinito.
Entonces crecías
lejos y distante del montón.
Allí donde
los árboles duermen y las montañas toman el té de las cinco.
Allí donde
al Este y al Oeste llueve y lloverá,
una flor y otra flor celeste
del jacarandá[1].
martes, 11 de febrero de 2014
Capítulo VI: Geometría (extracto)
*
Ahora pienso yo. Pongamos la mente en blanco, que se olvide
todo y nosotros seamos el olvido con lo olvidado, que nada nos recuerde nada.
Está oscuro, y frío. Pero frío quieto, frío de aire
acondicionado que enfría de lejos. La fuente del frío es imperceptible, no hay
viento, solo calma y silencio. Estamos flotando. No levitando, ni haciendo un
leve balanceo, solo quietos, cómodos, parados en el aire invisible. Miramos a
lo que creemos es el frente. Podemos intentar mover un brazo, subirlo, tocarnos
la cara: es la misma de siempre. Movemos los dedos de los pies, sentimos la
piel de gallina que estremece toda nuestra médula. Abrimos y cerramos los ojos.
Olemos el olor de nuestro cuerpo. El mismo, al igual que el sabor de la saliva.
Intentamos hablar, pero el sonido se apaga secamente, como si no hubiera
superficie donde pueda rebotar y volver a nuestros oídos. Escuchamos nuestros
latidos, la sangre corriendo y palpitando. Y un leve zumbido que proviene –nada
más y nada menos- que de nuestra intensa actividad neuronal. No entendemos,
pero estamos bien. Sin dolor, sin hambre, sin sed y el frío no es lo
suficientemente intenso.
“Ya llegará la luz” nos prometemos.
De pronto, se iluminan nuestros pies. Una luz algo amarilla,
que al principio nos deslumbra pero que luego naturalizamos: es nuestra luz, es
la luz que pensamos. Nos rodea los miembros, se esparce como agua en nuestra
piel, nos toca, y aunque no la sentimos, nos invade los sentidos. Estamos
impregnados de esa luz y la consideramos nuestra primera creación. Y luego de
ese primer eslabón pensamos en las cosas que tocará esa luz que no son
nosotros: ahora buscamos la forma de nuestro universo posible.
La encontramos: un punto a lo lejos del cual se desprenden
tres líneas simétricamente, en ángulos de ciento veinte grados. Las tres siguen
su camino, inclinadas hacia nosotros en un ángulo convexo y de los vértices que
eran su objetivo se desprenden otras tres líneas, una de cada uno, y se unen formando
un inmenso triángulo que está situado detrás de nuestra posición. Si la imagen
no es errónea, descubriremos un gran tetraedro en cuyo centro estamos situados.
Las caras son espejos. Enormes espejos, iluminados por nuestra luz. Ya somos
padres y madres de nuestro universo, y lo amamos como nuestro pequeño hijo.
Aun así, nuestra criatura parece ser mucha más antigua que
nuestra primeriza nada: estos espejos nos muestran un infinito que no nos
pertenece. Nuestra luz rebota y se alarga, se dobla y ocupa los lugares más
recónditos de las imágenes más lejanas que nos devuelven los inmensos espejos.
Y en todos lugares estamos nosotros. Y aun así, en el espacio sideral, no nos
vemos.
*Emi
sábado, 25 de enero de 2014
Empiezo por el comienzo
-que en realidad esto ya empezó hace mucho, como 19 años y casi tres meses, no importa-.
Estás sentado en un balcón con vista a las sierras. Vista panorámica. El cielo parece la hendija de una persiana, nube arriba, montaña abajo. Un solo hilo de sol alcanza para cubrir todo el paisaje. Pintarlo de amarillo: un río amarillo, una llovizna amarilla, árboles amarillos, gente amarilla. No te miento.
Desde que tu compañero Borges te advirtió que a la realidad le gustan las simetrías y los anacronismos, y desde que eso se cumplió con inexorable exactitud, pensás más en silencio cada acción: tomás agua en silencio, tocás la guitarra en silencio, cantás en silencio. ¿Entendés? Silencio de adentro. Y te alejás para encontrarte. Te vas, no sin una advertencia de ausencia, para volver y amar con más fuerza. Y eso es porque llenaste con agua la jarra y en vez de ponerla en la heladera, la servís. Está media caliente, sí, pero es lo más sincero -además, el hielo sobra si después viene tormenta-.
Lo que pensás en el balcón es lo siguiente:
*Emi
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